viernes, 27 de mayo de 2011

Corre que te pillo.

Y, ¿qué pasa si te echo de menos? No tiene porqué ser malo. Peor sería que no me acordara de tí. Que lo que pasamos no fuera más que un simple paseo. Un simple entretenimiento para pasar el rato. Y, ahora, entre los días a solas y los llantos a media noche, sigo acordándome de aquellos momentos mágicos. Lo hago. Los recuerdo frecuentemente y es que, aunque duelan, a la vez me hacen sentir viva de nuevo. Me hacen pensar que lo que tuvimos fue bueno. Que a pesar de estar ahora con lágrimas cayendo por mi mejilla, me doy cuenta de lo importante que fue. Que no era consciente de lo importante que eras. Que eres. De lo que ibas siendo día a día para mi. Que creo que es amor lo que siento. Amor no correspondido que con el paso del tiempo se olvidará. O eso creía. Aunque llevo ya un tiempo así. Un largo período de tiempo. Pero mira, dicen que de todo se aprende. Y yo de esto, he aprendido a disfrutar de cada momento como si fuera el último y a no cerrar más puertas. A abrir miles de ventanas, balcones y cristaleras gigantes. Porque yo te quiero a tí, pero ¿y si hay alguien que me quiere a mi? No sé como acabara la historia. Aún así, yo seguiré luchando por ti. Hasta que un día me de cuenta que ya no merece la pena. Por si acaso, que corra el aire por mis ventanales bonitos y tú, cuando te encuentres con fuerzas, vienes y entras. Y si no quieres, no te preocupes. Estaré bien, pues es posible que ya se hayan cerrado. Puede que estén cerradas porque alguien nuevo haya querido hacerlo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Punto.

Nadie dijo que fuera fácil. Ni tampoco que se pasaría rápido. Ni que al verte me costara a morir seguir mi mundo, como si nada hubiera ocurrido. Nadie me dijo que iba a doler. Eso ya lo sabía yo. Pasas por enfrente como si de desconocidos se tratara. Pero, de verdad, ¿no recuerdas nada de aquello? Yo lo hago a diario. Llámame loca. Es posible. Pero tampoco sabría decirte porqué sigo el camino equivocado. No es que lo siga, es que parece que no consigo encontrar otro que me saque de este laberinto sin salida. Y me agobio. Y veo que no puedo salir. Pero supongo que si me metí en él, algún día saldré. No sé cuando, ni donde, ni cómo. Pero igual que tú haces como si nada, yo también lo conseguiré hacer. Yo también sabré hacer oídos sordos. También sabré levantar la cabeza. También sabré fingir que no me importa. Lo sé. Sé que lo haré. Estoy segura.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Azul, verde, rojo, blanco, amarillo...

No finjas nunca. No temas si no eres correspondida. ¿Le quieres? Hazlo. Lánzate. Díselo con todas las letras. No tengas miedo de que salga huyendo. De que diga que estás loca o mucho peor, que confundes sentimientos. No tengas miedo de sentir lo que sientes. Nadie mejor que tú para saber que te levantas todos los días pensando en él. Que intentas no pensar en lo que estará haciendo. Si estará bien o mal. Feliz o triste. Que nadie como tú para cuidarle. Que echas de menos como te mira, de aquella forma que te hacía sentir la persona más importante del universo. Y mira si es grande el universo. O como le miras tú a él. O cómo te decía tonterías. Y las que le decías tú a él, y le salía rapidamente una carcajada de niño pequeño. Aquella risa que a tí te encantaba y se te ponía cara de boba. Las canciones en su coche. O nadie mejor que tú para saber lo que echas de menos cuando te dejaba en casa. Si, fueron pocas veces, pero eran minutos mágicos, divertidos, cariñosos. Eran minutos irrepetibles. Que nadie como tú para saber lo que se siente al verlo. Que tu estómago se muere de nervios y empieza a temblar todo y te provoca unas pulsaciones del corazón mucho más acelaradas de lo normal. Porque lo sientes dentro, muy dentro, que ese chico es especial a los demás. Que no existen príncipes azules, pero este al menos era un príncipe verde. Era tu príncipe verde. Lo que no sé es porque siempre tiene que existir un perdedor en esto del amor. No entiendo el porqué. Que tu quieras a alguien y ese alguien no te quiera a tí no significa perder, significa perder una mini batalla pero no la guerra, la guerra del amor. Las mini batallas te dan más fuerzas, aprendes de ellas y, además, te dan más madurez para enfrentarte a otra nueva batalla, para así ganar la guerra final. Por lo que, lucha. Sé feliz. No pierdas más el tiempo. Tarde o temprano encontrarás un príncipe que quizás no sea azul ni verde y sea de color marrón o rojo o naranja. Pero, y digo yo, ¿qué mas dará el color?